En general, se recomienda regular la temperatura de la calefacción a unos 21 grados centígrados durante el día. Pero, ¿qué sucede si la temperatura es mucho más elevada?

Problemas cutáneos por regular mal la calefacción

Lejos de generar más confort, una temperatura de calefacción demasiado alta (por encima de los 26 grados centígrados) puede acarrear problemas de salud.

En invierno, regular la calefacción a una temperatura muy elevada en casa favorece la deshidratación de la piel, afirma la especialista en Dermatología Médico Quirúrgica y Venereología María Teresa Truchuelo, en declaraciones recogidas por el portal iSanidad.

Según explica,  durante el invierno la piel suele resecarse  y pueden aparecer eczemas o sabañones, lesiones inflamatorias que pican o duelen, y que suelen estar relacionados con problemas de la circulación periférica que empeoran con las bajas temperaturas.

Una temperatura de calefacción demasiado elevada podría contribuir a la aparición de  estos problemas.

 

Más propensión a catarros y conjuntivitis

La sequedad del ambiente por regular una calefacción a una temperatura excesivamente alta también puede provocar sequedad de mucosas respiratorias a nivel de nariz, laringe y tráquea.

Según el portal Zonahospitalaria.com, esto genera que las  células defensivas no produzcan el moco adecuado y no eliminen a las bacterias que intentan colonizarlas, con lo que son más proclives a la infección (catarros, gripe, etc).

Una temperatura de calefacción demasiado elevada también puede provocar sequedad ocular y puede dar lugar a conjuntivitis.

 

Se descansa peor por la noche

Si durante el día se ha mantenido encendida la calefacción y la vivienda dispone de un aislamiento térmico adecuado, es posible que la vivienda este caldeada no sea necesario  mantenerla encendida durante la noche.

La recomendación es que, durante la noche, cuando las personas permanecen acostadas y abrigadas, las estancias pueden permanecer  en torno a los 17 grados centígrados y la humedad debe ser del 50-70%.

Estas condiciones son las adecuadas para mantener un descanso reparador. Sin embargo, si el ambiente se reseca, algo que puede suceder si se tiene encendida la calefacción durante demasiadas horas, o la temperatura es inusualmente alta, puede dificultar el sueño.

 

Pequeñas soluciones

El primer paso para regular adecuadamente la temperatura es conocer cuáles son las condiciones climáticas interiores.

Para ello, existen pequeños aparatos, con apariencia de un reloj-despertador,  que sirven para medir la temperatura y la humedad y que se pueden colocar en cualquier estancia.

También existe la posibilidad de manejar automáticamente la temperatura del sistema de calefacción instalando termostatos y cronotermostatos, así como instalando válvulas termostáticas en los radiadores.

 

En resumen…

Subir la temperatura de calefacción por encima de los 26 grados, no solo produce una sensación de calor que puede ser desagradable, sino que también contribuye a resecar el ambiente.

Al aumentar el contraste de temperatura interior y exterior, es probable que disminuya la respuesta defensiva de nuestro organismo. Algo que puede afectar especialmente a personas con problemas en las vías respiratorias como el asma.