Según datos de la OMS, la ciudad más contaminada de América Latina es Coyhaique, en el sur de Chile. Esta ciudad de 63.000 habitantes es la que tiene los niveles más altos de partículas finas de suspensión en el aire. ¿Cuál es la razón de que supere a ciudades más grandes como Ciudad de México, Sao Paulo, Bogotá o Caracas? La respuesta está en el tipo de calefacción que utilizan. Dado que se trata de un lugar de difícil acceso, el principal tipo de combustible que se emplea en calentar las viviendas es la leña. “Es una leña húmeda que contamina mucho, que básicamente se quema en hoyos y hace que los días sin lluvia sean de episodios críticos”, explicaba en 2016 Marcelo Mena Carrasco, subsecretario de Medio Ambiente de Chile, en declaraciones al medio BBC Mundo.

Conviene aclarar que la OMS  advierte que este informe no es un ranking ya que muchas ciudades no realizan informes de calidad del aire, a diferencia de Chile, donde cada vez más urbes realizan este tipo de estudios.

El último informe de la OMS sobre calidad del aire urbano publicado en 2018 analizó los datos de 100 países y 4.357 ciudades. Entre las conclusiones destaca que Coyhaique es la ciudad más contaminada de América, encontrándose además en el puesto 139 a nivel mundial.

El estudio se realizó por la Organización Mundial de la Salud entre los años 2010 y 2016. En dicho periodo se observó que Coyhaique mantuvo sus niveles de contaminación, un fenómeno en parte motivado por la geografía de la ciudad, que provoca que el humo quede ‘encerrado’ en su atmósfera.

El estudio de la OMS compara las partículas finas de contaminantes PM10 y las más finas, PM2,5 (partículas en suspensión de menos de 2,5 micrómetros; 100 veces más delgadas que un cabello humano). Estas partículas son las que presentan un mayor riesgo para la salud, ya que penetran en el sistema cardiovascular o en los pulmones elementos como sulfato, nitrato o carbón.

 

No se ve, pero afecta a la salud humana

La Organización Mundial de la Salud estima que la contaminación ambiental del aire, tanto en las ciudades como en las zonas rurales, fue causa de 4,2 millones de muertes prematuras en todo el mundo por año; esta mortalidad se debe a la exposición a partículas pequeñas de 2,5 micrones o menos de diámetro (PM2.5), que causan cáncer y enfermedades cardiovasculares y respiratorias.

Las principales fuentes de contaminación del aire por partículas son el uso ineficiente de la energía en los hogares, la industria, los sectores de la agricultura y el transporte y las centrales eléctricas de carbón.

 

Campaña para combatir la contaminación ambiental impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS)

Campaña para combatir la contaminación ambiental impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS)

Apostar eficiencia energética en instalaciones de calefacción también es apostar por salud

En nuestro país, ciudades como Madrid están tomando medidas para tratar de garantizar una calidad del aire saludable. Por ello, entre las medidas del Plan A de calidad de Aire y Cambio Climático  figura la prohibición de todas las calderas de carbón.

Se estima que, actualmente, en la capital madrileña persisten aproximadamente 400 instalaciones de calefacción a carbón, a pesar de que el Reglamento de Instalaciones Térmicas en Edificios (RITE) establece la prohibición del uso de combustibles sólidos.

Respecto a la biomasa, el Plan A establece que “se estudiará la idoneidad de los sistemas seleccionados (conjunto concreto de caldera y combustible) en entornos urbanos, especialmente en aquellas zonas catalogadas sensibles y donde se han reducido las emisiones (áreas de tráfico restringido, Zonas 30, etc.)”.

Y es que las autoridades deben valorar cómo podría afectar la quema masiva de biomasa en grandes ciudades en las que ya existe un grave problema de contaminación.

Hay que tener en cuenta que:

  • Al quemar combustible las calderas de biomasa emiten partículas a la atmósfera, aunque estas emisiones tienen el balance neutro de CO2. Es decir, que aunque al quemar biomasa se produce dióxido de carbono, estas emisiones se consideran neutrales porque se ‘compensan’ con el CO2 absorbido por esta biomasa durante su ciclo de vida vegetal.
  • Las calderas de biomasa incluyen tecnología para minimizar su impacto en el medio ambiente. A partir de cierto nivel de potencial, las instalaciones de biomasa deben incorporar un ciclón de humos que garantice el mínimo de emisiones al medio ambiente. Esta tecnología, que ya aplican las calderas de biomasa de alta gama, hace posible que este tipo de tecnología pueda utilizarse en núcleos urbanos. Otra tecnología destacable es la que aplican ciertos fabricantes de calderas, la mayoría austriacos, que incorporan cámaras de combustión con parrillas móviles e intercambiadores de calor con turbuladores, que ralentizan el flujo de gases y mediante torbellinos, posibilitan que las partículas pesadas se decanten en el propio intercambiador evitando su emisión por la chimenea.

La biomasa es una solución más que factible, que debería desarrollarse más, sobre todo, en el ámbito rural y en ciudades menores de 50.000 habitantes, en las que el riesgo de contaminación atmosférica es menor.

Además es una fuente energética no solo a tener en cuenta para los sistemas de calefacción de edificios residenciales. Para generar energía, también es posible quemar residuos agrícolas de forma controlada en centrales de biomasa, ubicadas cerca del lugar en el que se producen dichos residuos, así como utilizar la madera proveniente de la limpieza de bosques, con lo que se reduce el riesgo de incendios forestales y, además, se impulsa la economía local.